domingo, 31 de julio de 2011


-Como un símbolo, no. Como un sistema originador de la vida, existe. Debajo de
tus pies, alrededor tuyo, junto a mí. El árbol de la vida es un ser viviente, muy
poderoso, muy evolucionado. Te escucha, siente tus pensamientos, es tan
sensible a tu entorno que puede entablar una conversación con tu mente, sin que
te enteres.
-Tú eres el Árbol de la Vida- afirmó Zaru.
Aya sonrió, y siguió deslizándose, con la intención de señalar a Zaru un camino,
era una especie de sendero, cubierto por enredaderas, maleza, hongos. Tuvo que
trepar por un inmenso nudo, donde convergían los orígenes de tres ramas base.
Arriba, la superficie tenía un aspecto más pétreo, sorprendido descubrió un
manantial que brotaba de la corteza, mandando agua cristalina y un líquido azul.

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