jueves, 27 de abril de 2017

animo



Siento tus cabellos fluir en la densidad de los mares etéreos de esa dicha anciente y extinta, que hace de mi sangre ríos y después lagos, derramados en las montañas de tus manos.
Adoro la luz del sol porque me recuerda a tus caricias tibias en la mañana, aunque solo sea ilusión porque sé que nunca estás conmigo, y tu imagen se desvanece, cuando finalmente después de despertar dejando mi mundo perfecto, amanece.

lunes, 17 de abril de 2017

Desconocido

Huelo mi cuerpo, un aroma que no reconozco, la fatiga y la decepción, me obligo a sonreír, no puedo. 
Después de unos minutos me encuentro nuevamente con mi individuo, ese hombre que es seguro y amplio en si mismo, pero que se desliza fuera de control, asumiendo su rol en la ceremonia de cambio de luna, y durante los ocasos estacionales.
Me pongo mi túnica ritual, manipulo mi vara consagrada, dibujo mis símbolos en el tablero de cinco dimensiones. Las posibilidades se abren, las respuestas igual.
Las respuestas llegan a mí, de la forma que las pido, aunque no tienen forma, ni coherencia, son números, a veces son trazos, casi siempre desfases de la inmensidad que cuesta trabajo ordenar de acuerdo a nuestro limitado espectro de sentidos.
Ahí está ese hombre, ese fuero y el privilegio, los estratos desintegrados por el sol, mi raíz naciente, mis manos cubriendo la luz que ciega mi único ojo abierto.
Esas columnas, son tan visibles desde aquí, cuando subo a la cuesta de la montaña, donde la niebla reposa durmiendo, suspirando mi nombre, he caminado descalzo por meses, enredado en las ramas bajas, mojando mis pies en los arroyos gélidos, me he entregado a la oscuridad de la bruma, cuando las nubes bajaron por el desfiladero. Vuelvo a aspirar mi propio olor. No lo conozco.
Esta noche es la primera en la luna nueva, el astro coordina mis sentimientos convulsos, pero no soy una piedra, no tengo la sórdida resistencia frente al oleaje inclemente, el viento no ayuda.
Salgo a la luna desnudo, confirmo esta visita, el emisario es una efigie amable, toma mi ofrenda con los dedos de chispas azules, inclino la cabeza con cortesía.
Entonces regresa a mi el hombre, el habitante, el rebelde.
Algunas veces los viajes se prolongan por siglos, y me cuesta volver a esta tierra, para convencerme de los que me esperan, son reales, son legítimos.
Ahora debo descansar, y cuando retorne, podremos sentarnos a ver mis estrellas, las que me regalaron cuando era niño, cuando no pensé que podrías leer este manifiesto. 
Pero ahora este hombre es un elemento, ya no se permite regresar sin robarse algunos desafíos.
Esta noche acudiré al altar del templo viejo, donde las piedras llegaron antes que los siglos, y los suspiros del viento hablan de soles desconocidos. Frente al busto de mi diosa madre, prenderé una vela de cebo rosa, porque me recuerda a ti, y dormiré en el regazo de mi creadora, celebrando el haber accedido a este nuevo misterio.

jueves, 13 de abril de 2017

Visible

Cuando te conocí, estabas ausente, alejada de este mundo material, enfocada en tu arte y en las oportunidades que se abrían desde que ingresabas en ese mundo de los escritores.
No sé como tuviste acceso a mi libro, no sé como te ha llamado. Pero desde que lo tuviste en las manos, te acercaste a mi silenciosa, con tus secretos abiertos, bañaba el sol tu piel cubierta hasta el cuello.
El diálogo, es lo que me gusta de tí, poder hablar contigo, aunque no tenga nada que decir. Palabras adultas, sin retorcijones. Lo necesitaba porque me rompieron, y en esa pausa, veía otra cara y olía otro perfume.
Me tomaste la espalda y hundiste tu mentón en mi cuello, me sostuviste fuerte, tanto como para que el calor normal de mi interior sobrara y tuviera que salir por los poros.
Ahora te observo, a veces sin éstos ojos, eres otra, no eres esa mujer escondida en ropa ancha, en blusas largas y zapatos cerrados.
Confías en mi, me llamas, me buscas, me sientes.
No te digo que estaba roto, y necesitaba tu cuello y tus labios. No te digo que curas heridas, pero respeto tu valor, cuando asumes el riesgo de tapar mi eclipse.
Te veo ahora, en esta imagen, la verdadera, la que no escapó.
Te escribo, entonces...

lunes, 27 de marzo de 2017

El Libro de las Sombras

El mensaje de los brujos a través de códices secretos y misterios a lo largo de las eras y los universos. El Libro de las Sombras es una nueva propuesta literaria dentro del concepto de Hyperrealidad, nueva narrativa que solventa lo atractivamente oculto y lo divinamente profano.


martes, 31 de enero de 2017

No eres real

Hacia el horizonte, todos los días, vigilante el silencio de los vientos no me traen noticias tuyas.
Te he visto en las infames pesadillas.
Pero sé que no eres real.
Te hemos seguido los rastros.
Tus pasos se han borrado, aunque nadie te ha visto caminar.
He visto el largo de tus brazos tocando las nubes, tus dedos se acercaron a mi bosque.
He soñado contigo, y he sentido tu aliento en mi oído. No te he amado porque no me perteneces.
He caminado alrededor del pentáculo, con el símbolo que odian los maestros, he orado mi plegaria por horas, y aún la noche no se ha apagado.
No me has enviado lo que he pedido, no has respondido a mis oraciones, no existes, eres un fraude, y a eso apuesto mi propia inmortalidad.
Pero este lugar que me has dejado como hogar, es hermoso, y le rindo tributo todos los días, aunque reniegue de tu ausencia.
Los signos seguirán impresos en la piedra por siglos.


sábado, 22 de octubre de 2016

2210

 Apenas cae la noche, tú silenciosa madre te encuentras en la penumbra con mi silencio.
Danzas con mis sombras, y mis palabras te arrullan, aunque no me siento a tu lado.
No me necesitas en un altar sagrado, solo soy una hojarasca seca que acumula otoños.
 Tomo tus pies delicados, los estrujo contra mi pecho, mientras mi vientre palpita, porque amas mis movimientos, y respiras mi vida entera, dulce suspiro de besos en la agonía de mis secretos. Me gustas descalza, te miro sin descanso.
Abre tus ojos, cruel mariposa, entregare a la lluvia tus latidos, agitando tus alas de nubes, en el calor sofocante de mis semillas dispersas. No entrarás nunca en mis cuencas vacías, donde las culpas remojan sus marchitas liendres. Entonces te quedas en el bosque ilusorio, esperando que regresen éstas palabras.
Camina en mis bosques desnuda, mientras mis ramas rozan tus pezones, y tu cabello se derrama en mis manos, 
Aunque no importa donde existas, mi fuego no extinto aún respira.
Y me siento ermitaño, aislado en la penumbra de mis experiencias.